Angustia

 

No se porqué pero siento la necesidad de escribir en estas cuartillas, que he encontrado en un cajón, lo que me ha pasado esta mañana. Lo pongo por escrito para ver si así mis ideas se aclaran y dejo de estar tan confundida. Pero tropiezo con un serio problema: no se quien soy, ni tan siquiera recuerdo como me llamo.

Cuando desperté esta mañana estaba en una habitación desconocida para mí. Por la persiana se filtraba un poco de luz y pude ver que era una estancia grande. Me levanté, abrí la persiana del todo y vi que era una puerta ventana que daba a un balcón. La abrí y salí fuera. Estaba en un segundo piso y la vista daba a un hermoso jardín, rodeado de árboles. Al fondo podía verse campos y más campos que se perdían en la lejanía.

Volví al interior de la casa y abrí el armario cada vez más confundida. Dentro había prendas tanto de hombre como de mujer. Mi angustia iba en aumento al no poder reconocer nada de lo que allí había. De repente me entró miedo, mejor dicho, me entró pánico ¿Dónde estaba? ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Quién era yo?

Intenté serenarme y decidí recorrer aquella desconocida casa para ver si la memoria volvía a mí.

En ese piso había tres habitaciones más y un cuarto de baño. Una de esas habitaciones era un despacho, la otra era, evidentemente, la de un niño pequeño, pues estaba llena de juguetes y tenía sus paredes decoradas con motivos infantiles. La otra debía de pertenecer a una jovencita, ya que estaba decorada con postes de cantantes, tenía un telescopio, muchos libros y algunas fotos de un chico joven muy guapo. Me llamó la atención que la cama estaba deshecha, aunque todo lo demás estaba en su sitio. ¿Dónde estarían esas personas? ¿Quiénes serían? ¿Y sobre todo dónde estaría ese niño pequeño? Al pensar en todo esto sentí una sensación en el estómago, como si me fuera a dar un desmayo, y venciendo las náuseas que parecían invadirme, bajé a la planta baja.

Entré en un gran comedor, me gustó la profusión de plantas y flores que había en aquella habitación,  que le daban un toque de paz y alegría.

De repente sucedió algo curioso, detrás de mi apareció un perro, no sé de dónde salió, pero lo curioso era que el perro parecía conocerme pues no ladró y movía la cola con alegría. Con un poco de recelo, por si me mordía, lo acaricié y seguí recorriendo aquella desconocida casa, ahora eso sí, seguida de aquel simpático animalito.

Entré en la espaciosa cocina, que tampoco me decía nada. Empecé a abrir los armarios y la nevera. Me sentí como un intruso que estuviera violando la intimidad de ese hogar,

Entonces me di cuenta de que sentía hambre, así que seguí buscando hasta que encontré todo lo necesario para prepararme un desayuno a base de te y tostadas, lo puse en una bandeja que había encima del mármol y salí al jardín.

Ya he dicho antes que era un jardín bastante grande con muchos árboles y flores y en la parte de atrás tenía una piscina, al ver el agua me entró frío y entonces, sólo entonces, me di cuenta de que estaba en camisón. Subí al piso de  arriba, abrí el armario y saqué unos tejanos y un jersey, los estuve mirando un buen rato, hasta que por fin decidí ponérmelos. Me sentí cómoda con aquellas prendas, como si las hubiera llevado más de una vez, cosa que me causó extrañeza pues estaba convencida de que no los había visto antes.

Me puse delante del espejo y contemplé aquella desconocida persona que era yo, cuando de repente me sobresaltó el timbre del teléfono. Mirando a mi alrededor, lo encontré encima de la mesita de noche, no sabía que hacer si cogerlo o no, pero aquel timbre no paraba de sonar, así que terminé por descolgarlo.

Oí una voz masculina que me dijo:

-¡Cuánto has tardado! ¿Qué estabas haciendo?

Yo no sabía que contestarle, así que me quedé callada. La voz siguió diciendo con un tono de preocupación:

-Cariño, ¿estás ahí? ¿No me oyes? ¿Qué pasa?

-Sí, estoy aquí –contesté asustada– ¿Quién eres?

-¿Cómo qué quién soy? –Ahora sí que había preocupación en esa voz– ¿Es qué no me conoces?

-No, no se quién eres –le dije a la voz.

-Pero bueno, ¿estás de guasa? Porque si es así no me hace ninguna gracia. ¿Quién va a ser? Soy yo, tu marido.

Entonces aterrorizada solté el auricular que cayó al suelo con un fuerte golpe. La voz seguía diciendo:

-¿Estás bien? ¿Qué es lo que pasa? Por favor contesta…

Cogí el teléfono y lo colgué. Al cabo de un momento volvió a sonar, pero no pude resistirlo así que tiré del cable y lo desenchufé.

Ahora no sé qué hacer, estoy muy confundida y asustada. Mi mente no recuerda nada.

¿Qué es lo que me pasa? ¿Por qué tengo ese vacío en mi memoria? ¿Quién soy?

Creo que lo mejor será esperar para ver si viene ese hombre que dice que es mi marido, para ver si lo reconozco, pero, ¿y si no es así? ¿Y si tampoco puedo reconocerlo? Y lo que es peor ¿Y si él tampoco me reconoce?

 

 

Siempre me ha angustiado la perdida de memoria, y ya no digamos esa terrible enfermedad que es el alzheimer. Es un tema que a la vez que me horroriza me fascina, esa es la razón de este pequeño relato, para ver si volcando mis angustias en el papel puedo difuminar mis fantasmas.

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2 respuestas a Angustia

  1. Nofret ♥♥♥♥ dijo:

    Paso en silencio para darte las buenas noches. Qué descanses. Besos

  2. Nofret ♥♥♥♥ dijo:

    Hola Mary, muy bien expresado este sentimiento qué a veces nos atrapa como es la angustia, el miedo a lo desconocido y a las  enfermedades, pero cielo tu estas bien, verdad, me dejas algo preocupada. Besos quería amiga

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