Desde la mesa del café

Llevaba casi dos horas sentado en aquella mesita del café que hay en la esquina de mi calle. Me gustaba estar en aquella terraza porque al tiempo que leía el periódico o hacía el crucigrama, me distraía con el ir y venir de la gente y del tráfico.

Pero aquella tarde no tenía ojos ni oídos para nada más que para la mesa que había enfrente de mí. Al poco de llegar vinieron tres señoras de mediana edad, muy arregladas y elegantes. Al sentarse pidieron de merendar chocolate con melindros.

No hubieran llamado mi atención al no ser por el hecho de que las tres hablaban al mismo tiempo, y aunque se miraban entre ellas ninguna prestaba atención a lo que las otras decían, y lo más curioso era que no parecían darse cuenta de ello.

La que parecía más  joven hablaba de lo mucho que le costaba mantenerse en forma a base de duros ejercicios de gimnasia, y sin embargo, al mismo tiempo que hablaba, alimentaba esos atormentados michelines dando buena cuenta de su chocolate y de sus melindros.

Otra de ellas explicaba algo que le había pasado a un hijo suyo, y debía de ser algo gracioso a juzgar por las grandes risotadas con que acompañaba el relato.

La tercera les contaba que esa misma mañana había ido a un entierro, y que por ese motivo venía un poco deprimida, cosa que no le impedía comerse con fruición su merienda.

Así continuaron durante esas casi dos horas, hablando y hablando, sin oírse las unas a las otras, en una cacofonía de voces en la que cada cual contaba lo que le interesaba, sin interesarse por lo que contaban las demás.

Cuando terminaron su merienda se despidieron con grandes muestras de afecto y  diciéndose lo mucho que habían disfrutado charlando y que a ver cuando volvían a reunirse porque tenían muchas cosas interesantes que contarse.

Yo estaba realmente alucinado, como suele decirse, y me hizo pensar en la necesidad que tenemos los seres humanos de que nos escuchen.

Con algo de jocosidad pensé en que mañana mismo instalaría en esa misma mesa del café un consultorio psicológico ¡total, sólo tendría que escuchar!

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3 respuestas a Desde la mesa del café

  1. MąRy dijo:

    Hola querida Mary que tal estas?¿
    perdona cielo tarde en contestar tu agradable comentario, sabes  mi arma
    estamos en casa haciendo algunas mejoras, y ahora pintando y la verdad tengo el blogs y lo que es peor a los amigos
    un poquito abandonados, pido disculpas ya estamos terminando y vuelta ala vida cotidiana
    bueno mi cielo que tengas una bonita verbena de san Juan y un feliz fin de semana besotes mil… tu amiga Mary.

  2. Mari dijo:

    Gracias Querida Nofret, me animas mucho con tus palabras, eres maravillosa. Un besito

  3. Nofret ♥♥♥♥ dijo:

    Querida Mary, cada vez que escribes una historia me quedo con la boca abierta, ni que decir  hay que tienes toda mi admiración y respeto por tus escritos. Besos y que tengas un feliz fin de semana

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