El hallazgo

Cuando leí la noticia en el periódico sentí una sensación inexplicable, yo había estado en ese bosque cientos de veces, me gustaba pasear por sus caminos, sentarme en un tronco y descansar. Ahora mismo si cerraba los ojos e intentaba evocarlo, podía ver sus estrechos senderos, sus frondosos árboles a cuyos pies crecían impetuosos helechos. Hasta mi nariz volvía el agradable olor del romero y del tomillo que creían salvajes. Por eso me quedé horrorizado cuando en medio de tanta belleza y en ese ambiente que se respiraba  paz, se hubiese hallado algo tan horrible como el dedo de una mujer con la uña pintada de rojo. Aquel macabro hallazgo profanaba tan bellos lugares. 

En el pequeño pueblo no se hablaba de otra cosa. Por todas partes donde ibas se podían ver corrillos de gentes hablando del tétrico hallazgo. Hasta yo, que deploro el juntarme con la gente a chismorrear, que vivo prácticamente aislado, por eso elegí ese pueblo para vivir, no pude sustraerme a tan desconcertante enigma y me vi mezclado con los demás haciendo conjeturas y lanzando las más descabelladas hipótesis. Todos aportábamos nuestras ideas para tratar de esclarecer aquel misterio, parecía que no había ni una sola persona en todos aquellos alrededores que no tuviera su teoría.

Cuando parecía que habíamos perdido el morboso interés por el fatídico dedo, otra noticia  volvió a reanimar todos los rumores y esta vez con más expectativas si cabe.

A unos 300 kilómetros, en una especie de arcón, que estaba depositado en la estación, la policía encontró el cuerpo de una mujer a la cual le faltaba el dedo anular. La víctima llevaba las uñas pintadas de un rojo brillante.

Los investigadores llevaron a cabo las tareas necesarias para esclarecer aquel crimen, pero tardaron algún tiempo en poder identificar a la víctima.

Y mientras tanto, en el pueblo se volvieron a concentrar los corrillos y se desataron nuevamente las habladurías. Como el dedo se había encontrado en el bosque del pueblo, sentíamos el misterio como nuestro, así que los vecinos íbamos más allá y comenzamos a acusarnos unos a otros, no hubo ningún hombre del pueblo que en algún momento dado no estuviese en la boca de alguien como presunto asesino, quien lo pasó peor fue el alcalde, pues al ser soltero, y debido a su cargo, se ausentaba del pueblo frecuentemente, las sospechas más fuertes recayeron en él.

A mi me divertía todo este tejemaneje de sospechas y acusaciones como si tuvieran la verdad en su mano. Cada cual miraba a su vecino con recelo. Y entre tanta conjetura surgió lo peor que todos llevamos dentro.

Parece mentira como un pequeño pueblo se puede convertir en algo más parecido a un estercolero que a una pacífica comunidad de vecinos bien avenidos como habíamos sido antes del suceso.

La policía seguía con sus pesquisas y cada vez se acercaban más al descubrimiento del asesino. La verdad es que hacían su trabajo con eficacia y no dejaban nada al azar.

Por fin acabó todo, yo, al ver la pericia de la policía me extrañaba que no hubieran descubierto la verdad mucho antes, pues estaba seguro de estar cometiendo un error al cortarle el dedo después de meterla en el baúl, sabía que aquel fatídico dedo, que llevaba en el bolsillo aquel día en que fui a pasear al bosque, sería mi perdición, pero no pude resistir la tentación de llevármelo pues aquel rojo de sus uñas me atraía poderosamente y no podía sustraerme a su fatídico embrujo.

 

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2 respuestas a El hallazgo

  1. Janis dijo:

    Desde luego el argumento tiene tema para una peli, eh? Que intriga! mmm, queremos más!!!
    Un beso Mary.
     

  2. Nofret ♥♥♥♥ dijo:

    Hola. Mary, te voy a tener que llamar Mary Christie, ¡menuda historia es buenísima de las que a mí me gustan!, lo que daría yo por saber escribir también como tú, y mira que no será por falta de ideas, pues después de leer tanta intriga y suspense algo se me queda, pero a la hora de plasmarlo en el papel es cuando fallo, bueno que se le va hacer lo mío es leer, me conformo con tener una amiga escritora. Besos

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